Mientras la popularidad de Bitcoin sigue aumentando, sus comisiones por transacción siguen subiendo, animando al habitual coro de agoreros todavía anclados en la fase 1 de lidiar con el rechazo a bitcoin:

Lidiar con el rechazo a Bitcoin tiene 5 fases:

  1. Negación: “Bitcoin no puede funcionar y morirá”
  2. Enfado: “Ok, parece que Bitcoin funciona, pero el Gobierno debería prohibir Bitcoin
  3. Regateo: “Ok, el Gobierno no puede prohibir Bitcoin, pero no es importante. Lo que es interesante es Blockchain, la tecnología detrás de Bitcoin”
  4. Depresión: “Todas las blockchains distintas a la de Bitcoin fracasarán”
  5. Aceptación: “Bitcoin es como la pólvora, cuanto más tarde lo adoptes, peor para ti”

Con comisiones por transaccíon medias superiores a los $2, los agoreros nos aseguran que Bitcoin tal y como está ahora, está visto para sentencia, porque nadie quiere hacer un pago de $2 para llevar a cabo una transferencia, cuando las tarjetas de crédito, paypal y muchas otras opciones cobran mucho menos en costes de transacción.

El problema aquí, como es habitual, no es con Bitcoin, sino con la incomprensión de la gente sobre Bitcoin, y la primera pista para eso puede detectarse en el precio rápidamente ascendente: si Bitcoin está tan abocado al fracaso, ¿por qué la gente sigue comprándolo? La respuesta está en que la propuesta de valor de Bitcoin no está en hacer pequeñas compras para consumir, sino en poder hacer grandes e importantes pagos, en particular independientemente de fronteras. Los pagos en persona, para pequeñas cantidades, pueden ser realizadas ya usando un amplio abanico de opciones: efectivo, trueque, favores, tarjetas de crédito, cheques bancarios, etc… Los pagos a grandes distancias son sin embargo, otra historia.

Hay unas pocas divisas que son aceptadas como pago a nivel internacional, concretamente: el dólar americano USD, el Euro, oro, y los derechos especiales de giro (DEG) o SDR en inglés, del IMF. La amplia mayoría de los pagos internacionales son denominados en alguna de estas divisas, con tan solo un pequeño porcentaje compartido por unas otras pocas divisas. Para enviar estas divisas en cuantías de varios miles de dólares internacionalmente hay que pagar varias docenas de dólares habitualmente, siendo objeto de escrutinio y auditoría invasiva por parte de instituciones financieras. Comparado con estas transacciones, las actuales transacciones de Bitcoin de $2,5 son todavía un “chollo”.

Sin embargo, el volumen de los pequeños flujos internacionales es mucho más grande que lo que la blockchain de Bitcoin puede gestionar y si más pagos de este tipo se llevasen a cabo en Bitcoin, las comisiones subirían para limitar su demanda. Sin embargo, eso no significaría el fin de Bitcoin, pues envíar estos pagos individuales no es el final de las posibilidades de Bitcoin.

Bitcoin es dinero libre de riesgo de contrapartida, y su red puede ofrecer la liquidación de pagos de gran volumen en cuestión de minutos. Bitcoin puede por lo tanto ser comparado con los pagos de liquidación entre bancos centrales y grandes instituciones financieras, sacándoles ventajas, pues es más barato y más fácil de verificar. La única otra forma de dinero que a lo largo de la historia libre de riesgo de contrapartida es el oro, y mover estas cantidades de dinero en oro es incomparablemente más caro y lento que Bitcoin.

Un interesante experimento mental es imaginarse la forma que tendría un sistema económico global construido alrededor de la liquidación en bitcoins. La capacidad actual de Bitcoin para verificar es de alreadedor de 350.000 transacciones al día (cada vez más desde la implementación de SegWit). Este número es suficiente para permitir una red global de 850 bancos intercambiando transacciones diarias con cada otro banco de la red (el número de conexiones únicas en una red de n nodos es igual a n(n-1)/2.

Por lo tanto Bitcoin puede ser base para una red internacional de 850 bancos centrales capaces de llevar a cabo liquidaciones diarias con cada uno de los otros bancos de la red. Una red así tendría dos ventajas principales sobre la red actual de Bancos Centrales: Primero, el fin de la liquidación no se basaría en ninguna contraparte, y no requiere que ningún banco en particular sea el “árbitro de facto”, haciéndolo por lo tanto ideal para una red de pares global (Network of Global peers), en vez de un orden global de hegemonía centralizada.

En segundo lugar, Bitcoin se basa en una forma de dinero cuya oferta no puede ser inflada por ningún banco central en particular, haciéndolo por lo tanto una reserva de valor mucho más atractiva que las divisas nacionales cuya creación tuvo como objetivo el que su oferta financiase a Gobiernos.

En un mundo en el que ningún Gobierno puede crear más Bitcoins, estos Bancos Centrales competirían libremente los unos con los otros, ofreciendo instrumentos financieros físicos y digitales basados en Bitcoin. Sin un prestamista de último recurso, la banca de reserva fraccional se volvería un asunto enormemente peligroso, y los únicos bancos que sobrevivirían en el largo plazo serían Bancos que ofreciesen instrumentos financieros 100% respaldados por Bitcoin, que liquidarían pagos entre sus propios clientes fuera de la Blockchain de Bitcoin, y que llevarían a cabo la liquidación diaria final con los otros Bancos, a través de la Blockchain.

Saifedean ha escrito un libro llamado The Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking que ya está disponible en preventa en amazon aquí en el que explica como la principal propuesta de valor de Bitcoin es como dinero sólido, arrojando luz sobre la importancia de este concepto a través de la historia, que excede de lejos la significancia de los costes para pequeñas transacciones para pagos por consumo. El dinero sólido ha sido un necesario pilar de las diferentes civilizaciones, y su final ha coincidido habitualmente con el fin de la civilización en cuestión.

El mundo moderno fue construido en el siglo XIX sobre la base de dinero sólido, el oro, financiado por inversores con preferencia de tiempo baja, heredada de un dinero sólido. La cultura consumista de la gratificación instantánea del siglo XX (preferencia de tiempo alta), por otra parte, ha sido la cultura de la eternamente devaluable divisa fiduciaria, que desincentiva el ahorro, e incentiva el cortoplacismo.

La obsesión con los pagos para el consumo en la comunidad de Bitcoin es una desafortunada reliquia de la era de las divisas fiduciarias. Generaciones que sólo han conocido patatas calientes fiduciarias que necesitan ser gastadas antes de que devalúen, han terminado viendo la vida como una eterna lucha por consumir masivamente. En un mundo de dinero sólido, la gente seguirá consumiendo, por supuesto, pero este consumo tendrá un importante coste de oportunidad en el futuro, ya que los ahorros se apreciarán. Como resultado de esto, el consumo dejará de ser una importante parte de nuestras vidas, y la gente seguirá comprando cosas que realmente necesite, y sobre todo cosas que duren mucho tiempo. En vez de gastar el dinero en porquerías de plástico y caras adicciones de azúcar*, la gente ahorrará su dinero para el futuro, y lo verá apreciarse, alcanzando independencia financiera.

El número de transacciones en una economía con un patrón Bitcoin puede ser aún así tan grande como lo es hoy en día, pero la liquidación de estas transacciones no ocurrirá en la blockchain de Bitcoin, cuya inmutabilidad y falta de necesidad de confianza, es demasiado valiosa para pagos al consumo individuales. La realidad es que comprar café no requiere el nivel de seguridad que Bitcoin ofrece; puede ser más adecuado gestionar este tipo de pequeños pagos en una segunda capa de soluciones respaldadas por Bitcoin.

Usar Bitcoin para pequeños pagos es como ir a la compra en Concorde, un enorme desperdicio de recursos. Los pequeños pagos para el consumo son un problema de ingeniería relativamente trivial que la banca moderna ha solucionado con varias soluciones de débito y crédito. Cualesquiera que sean las limitaciones de las actuales formas de pago, se beneficiarán inmensamente de la introducción de libre competencia en el campo de los pagos y la banca, la industria más esclerótica de la economía moderna, que tiene una inmensa deuda con los Gobiernos que imprimen el dinero que emplean para funcionar.

Si la visión de Bitcoin como solución a pequeños pagos fuese correcta, el aumento en el coste de las comisiones dañaría la adopción de la red, llevando por lo tanto a una fulminante caída del precio, relegando a la red al status de “algo curioso”. Un día como hoy en el que el precio de Bitcoin ha alcanzado los $2000 (nota del traductor, ca $6000 hoy) este se está conviritendo en un argumento cada vez más difícil de sostener.

Desde el punto de vista de la capa de la red de liquidaciones, la creciente adopción de Bitcoin está incrementando su liquidez internacionalmente, permitiéndole competir con divisas globales de reserva para transacciones cada vez con más valor, provocando que las comisiones sigan aumentando. Mientras este proceso siga en el futuro, las comisiones seguirán creciendo y cada vez será más fácil entender Bitcoin como una red de liquidaciones global.

* El autor es un ferviente defensor de las dietas bajas en hidratos de carbono y azúcar


Translation by @acrual

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